El debate siempre existirá, y la
tecnología seguirá avanzando.
El uso de software para
reemplazar a los músicos (o a los instrumentos, para no herir
susceptibilidades) se ha convertido en una tendencia marcada, rentable y
efectiva en cuanto al público al que se le apunta. Durante el último siglo, la
música ha funcionado como la energía, porque a medida que pasa el tiempo, no se
crea ni se destruye, sino que se transforma. La evolución de la música, sin
entrar en detalles, ha marcado diferentes eras, y la manera de hacer música,
por claras razones, también debe mantenerse a la par.
Hace décadas, la manera de hacer
música era rústica, pero eficiente. La dificultad para traspasar fronteras era
evidente, sin embargo, muchos artistas se las arreglaron para lograr
reconocimiento en diferentes escenarios. El simple hecho de querer grabar una
canción tomaba mucho tiempo, y se hacía más difícil cuando eran varios los que
participaban. La tecnología evoluciona, y de igual manera lo hacemos todos. La
industria mejora, las comunicaciones se hacen más sencillas, y los tiempos para
hacer lo que sea que se necesite, han disminuido. Si nos remitimos al
documental de Dave Grohl, podemos ver cómo hace muchos años las cosas eran
diferentes, y las bandas podían tardar semanas en terminar un trabajo. De igual
manera, podíamos notar la calidad del producto final, que si bien era impecable
en esa época, hoy podemos encontrar rústica y defectuosa. Como era de
esperarse, esta evolución es criticada, cuestionada y despreciada por aquellos
que desearían vivir en otra época, esos de siempre.
Es comprensible que pensemos con
melancolía acerca de las cosas que hacíamos y la manera de hacerlas en tiempos
pasados: Cosas sencillas, poco ostentosas. Todos podemos hacer el ejercicio y
extrañar la forma en la que jugábamos de niños, y tal vez compararla con la
forma en la que juegan los niños actualmente, lo cual generaría que hagamos una
crítica. ¡Los niños de la actualidad se
están perdiendo de la emoción de la calle! Podríamos escuchar entre tanta
crítica, y a lo mejor es cierto, pero a lo mejor no. Todo cambio en la vida
puede ser mal visto; por el lado positivo, se pensaría que los niños que ahora
juegan online evitan el peligro de ser raptados, maltratados o afectados por
los rayos UV que no son los mismos de antes. Por el lado negativo, los niños
están expuestos a obesidad, sedentarismo, etc.
Pues bien, lo mismo puede suceder
con Pro Tools. Pueden existir desventajas, y los rockeros más acérrimos
seguirán pensando que Pro Tools (y la evolución de la tecnología, el outsourcing, la unidad comercial, los
gobiernos de derecha, el fútbol, la televisión cerrada, las multinacionales, el pop, los bancos, etc)
es una amenaza, y representa un fuerte golpe a la tradición y la parte humana
de la música, que cada vez, según ellos, se pierde en mayor medida. Por otro
lado, no veo razón para criticar una herramienta que puede ayudar a la
industria a hacer trabajos que hace 20 años nadie hubiese podido siquiera imaginar, por lo que no podemos
pensar que es un animal perjudicial para nada. Pro Tools y cualquier software
que nos permita hacer las cosas más fácilmente tienen que ser bien recibidos, y
no podemos quedarnos estancados en el pasado, porque la vida es demasiado corta
para eso.


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